Inicio de Temporada en el Fútbol Base

Con el inicio de las temporadas en el Fútbol Base, siempre aparecen las mismas dudas a la hora de componer plantillas para obtener el máximo rendimiento de estas, y nos surge la eterna pregunta, que todos nos hacemos y respondemos, pero nunca le damos sentido y actuación a esa respuesta, ¿plantillas por edades? ¿Plantillas por condiciones?, al final hablamos de “desarrollo cronológico” y “desarrollo biológico” del jugador.

Cuando nos planteamos confeccionar una plantilla, hablamos de desarrollo cronológico (edad de nacimiento) y de desarrollo biológico (nivel de desarrollo físico, es decir fuerza, altura, peso,…). Un jugador nacido en Diciembre y otro nacido en Enero del mismo año, tienen un desarrollo biológico distinto que les genera enormes diferencias a la hora de competir e influyen de manera importante en la confianza y en la manera en la que se enfrentan a la competición.

Dentro de los conceptos  a observar durante la confección de las plantillas, hay dos términos que no debemos olvidar junto con los dos anteriores y son, el “nivel de madurez”, es decir la evolución psicológica que presenta el jugador para desarrollarse con el contexto que tiene alrededor y de la “capacidad cognitiva”  que la entenderíamos como la capacidad del jugador para asimilar y resolver conceptos y tareas de entrenamiento.

Lo importante a la hora de poner un jugador en un equipo u otro son estos factores. Hay que tener en cuenta que lo normal es promocionar a jugadores más pequeños en equipos más mayores y no al revés, ya que los clubs de fútbol buscan la rápida formación de los jugadores, y poniéndolos en equipos más altos se piensa que se forman mejor, pero ¿Si no cumple los requisitos anteriormente comentados se formará mejor? Es una buena pregunta de inicio.¿Cambiamos la estructura de las competiciones para buscar alcanzar ese rendimiento del jugador?  Crear competiciones en función de esto, sería muy complicado  debido a la diversidad e infinidad de casos a los que nos podríamos encontrar en el transcurso de una temporada con jugadores.

 Observando esta dificultad a la hora de cambiar la estructura de la competición, aparecería el entrenamiento personalizado y ajustado a las necesidades del jugador siempre teniendo en cuenta su edad cronológica y el desarrollo biológico que sustenta en cada momento. Creo que aquí radica el éxito de un buen entrenador y formador en las categorías inferiores.

El saber que necesita el jugador y como trasmitirlo en los entrenamientos, en cada momento en función del grupo de jugadores del que disponga. Con el fin de no competir para ganar, sino que el ganar sea una consecuencia de un trabajo bien hecho y no en un fin en sí mismo. (Hemos de tener en cuenta competimos para ganar, aunque sean pequeños no podíamos obviar que se compite para ganar, otra cosa es que valga todo para ganar…).

Generar desigualdades que influyan en el devenir del niño, sino en aplicar la competición como estimulo de desarrollo de las debilidades de cada uno y como refuerzo de las virtudes y potencialidades de que dispone.

Al final, acuñamos un nuevo término que podríamos denominarlo como “edad competitiva o desarrollo competitivo”, y ese desarrollo competitivo va a hacer que los jugadores puedan alcanzar sus sueños (Cada jugador debe estar en el equipo donde realmente pueda desarrollar mejor sus cualidades deportivas).

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