REFLEXIÓN DE NÉSTOR PÉREZ

UN NUEVO CONTEXTO EN EL ENTRENAMIENTO Y PARA EL ENTRENADOR 

Tan antiguo como los entrenadores es el viejo anhelo de encontrar la fórmula mágica del entrenamiento, aquellos trabajos que sean capaces de transferir al terreno de juego las claves del éxito, del triunfo. Circunstancia altamente improbable y además condicionada por diferentes aspectos que trataremos de comentar a lo largo de este artículo.

 La inmediatez en la necesidad de resultados se ha convertido en una condición trágica para los entrenadores. Sólo importa el resultado. Se han convertido en una “rara avis” aquellos equipos, clubes y dirigentes que otorgan la tranquilidad necesaria a sus técnicos para poder desarrollar una labor que no siempre da sus frutos en el corto plazo.

Un equipo de fútbol es un sistema complejo –con la gran cantidad de matices que esto conlleva-. Y como tal, la complejidad precisa tiempo, algo que fundamentalmente los entrenadores no tenemos. Uno de los aspectos definitorios de las teorías de la complejidad (Balagué y Torrents, Complejidad y Deporte) es el principio de incertidumbre por el que el comportamiento de un sistema complejo no puede ser  previsto en el largo plazo. De esta forma nos resulta imposible aventurar el rendimiento de nuestro equipo y la evolución de determinados jugadores a lo largo de la competición.

 Profundizando en teorías de complejidad encontramos el principio de globalidad. Los sistemas complejos no responden a patrones lineales de aprendizaje y es ahí dónde debemos adaptar nuestro entrenamiento. La importancia de las interacciones entre futbolistas, de crear un contexto idóneo, vivo y adaptativo que permita ese surgir de sinergias positivas entre ellos ha de ser objetivo primordial en el diseño de tareas.

Siguen todavía en vigor determinados pensamientos mecanicistas, de suma de partes, de compensación de carencias en busca de la perfección. Un central fuerte y con buen juego aéreo, más otro central rápido y con buena salida de balón, compensan y hacen un buen centro de la defensa, quizás sí pero es probable que no. Un mediocentro defensivo y recuperador junto a otro de calidad técnica, buen manejo y comprensión del juego harán la dupla perfecta, puede ser que sí, pero es posible también que las sinergias que salgan de la relación de ambos no sean las mejores y uno de ellos haga peor al otro sin terminar de encontrar un buen funcionamiento colectivo. El todo es algo diferente a la suma de las partes (principio de emergencia espontánea).

La capacidad por obtener situaciones de fútbol real, entorno a un modelo, y trasladarlas del juego al entrenamiento supone uno de los mayores retos de los técnicos de hoy en día. Tradicionalmente fue al revés, plasmar en el entrenamiento aquello que luego queríamos desarrollar en el partido, muchas veces sin importar con qué medios contábamos, las características de nuestros jugadores y sus relaciones, qué contexto tendríamos días después y la incertidumbre propia de este deporte.  Cuando rueda el balón y los jugadores comienzan a moverse, todo aquello que teníamos “perfectamente diseñado y trabajado” comienza a venirse abajo. “El futbol es sorpresa, cuando pasa algo no sorpresivo me sorprendo” (Óscar Cano).

El objetivo será que los futbolistas desarrollen sus capacidades en el entrenamiento diario, propiciar contextos favorables que nos permitan obtener ventajas en el juego, que el futbolista comprenda y desarrolle dichas ventajas en las diferentes situaciones de incertidumbre que el juego nos plantea. Volviendo a la importancia de las sinergias que emergen de la relación entre futbolistas, será misión importante del entrenador descubrir esas interacciones positivas, propiciarlas, explotarlas y permitir que el grupo se beneficie de las mismas.

Analizamos aquello que surge del jugar de nuestros futbolistas, haciendo que los jugadores se conciencien de ello, que sean capaces de interpretarlo, de entenderlo. Modelando dicho juego que surge de la interacción de los jugadores a través del entrenamiento, que no diseñando un jugar modélico, ideal, sostenido en gráficos y papeles y que jamás emergerá de nuestros futbolistas.

Alejarnos de fórmulas mágicas, desarrollar modelos de juego y de trabajo únicos, en constante evolución y perfeccionamiento y, sobretodo, centrados en nuestros futbolistas, serán aspectos importantes a la hora de diseñar y dar continuidad a el trabajo diario de los entrenadores.

Néstor Pérez Muñoz

Técnico en Fútbol Nivel III UEFA Pro.

Profesor de la Escuela Aragonesa de Entrenadores de Fútbol.

Entrenador del Utebo F.C (3ª División XVII)

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